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noviembre 11, 2017

Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo

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Todos los conocimientos que el ser humano ha desarrollado a través de la ciencia, se extienden hoy en día a muchas actividades de importancia para la sociedad y la naturaleza, como lo son la tecnología, la medicina, la sustentabilidad y la conservación, entre otros aspectos.

Desde el año 2001, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, con el objetivo de promover y dirigir responsablemente el conocimiento científico en beneficio de las sociedades y el planeta, como el entorno del cual dependemos.

Gran parte de los conocimientos acerca de la biología, fisiología, salud y reproducción de los mamíferos marinos, se ha aprendido gracias a los estudios científicos realizados en recintos bajo cuidado humano, e, indudablemente, el delfín nariz de botella (Tursiops truncatus) es la especie mejor conocida, tras los más de 50 años de convivencia con el ser humano.

Toda la información recabada en los recintos zoológicos es útil en beneficio de la conservación de los mamíferos marinos silvestres, ya que pueden existir dificultades en la realización de los estudios, principalmente en la toma de datos de ejemplares (toma de muestras biológicas, observaciones directas, muestras control, condiciones ambientales adversas, entre otros). En este contexto, sobresalen las investigaciones realizadas sobre la inteligencia, reproducción y salud de estos animales.

Recientemente, este último aspecto ha cobrado relevancia. Los mamíferos marinos son centinelas del ecosistema marino; esto quiere decir que son indicadores del estado de conservación del ambiente acuático, debido a que, al ocupar los niveles tróficos (cadena alimenticia) más altos, reflejan posibles problemáticas en el ambiente, como lo son la contaminación por residuos y químicos, o la emergencia y distribución de enfermedades infecciosas en los océanos. La afectación en sus poblaciones nos lleva a la necesidad de evaluar todos los niveles de organismos que existen en los océanos.

En 1987 se firmó el Protocolo de Montreal para evitar el uso de los clorofluorocarbonos que se usaban en aerosoles de uso común y en equipos de refrigeración, luego de que la comunidad científica con base en los datos e investigaciones de los ganadores del Premio Nobel de Química, entre ellos, el mexicano Dr. Mario Molina, ubicaron en estas sustancias el origen del daño a la capa superior de ozono que protege a la tierra de la radiación ultravioleta del sol. A 30 años de su aplicación los científicos han observado que el debilitamiento de la capa de ozono comienza a revertirse, por lo que este protocolo es el mejor ejemplo de cooperación internacional basado en la ciencia.

El cambio climático es otro de los grandes temas que la comunidad científica ha discutido desde hace tiempo, urgiendo a los gobiernos a actuar para evitar la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera. El medio marino y, por lo tanto, su fauna, en especial los mamíferos marinos como marcadores de la salud de los ecosistemas, es uno de los grandes afectados, ya que el aumento en la temperatura del planeta, además de provocar el deshielo de los polos y otras grandes concentraciones de agua congelada, está acidificando el océano por las altas concentraciones de bióxido de carbono, lo que provoca la muerte de los arrecifes de coral, llamado blanqueamiento, que afecta toda la cadena alimenticia.

La humanidad tiene el enorme reto de revertir el daño que ha provocado en el planeta y los océanos. La ciencia puede ser la gran aliada para alcanzar esta meta superior. Todos, empresas, ciudadanos y gobiernos jugamos en mayor o menor medida un papel en la generación de ciencia y en la toma de decisiones informadas para la gestión apropiada de los recursos naturales, de lo que dependerá el desarrollo pacífico e integral de las futuras generaciones.